América Latina y el Caribe pasó de hospedar a 7 millones de personas migrantes en 1990 a tener una población inmigrante de casi 15 millones en 2020.  La crisis migratoria masiva en Venezuela, que constituye el éxodo más significativo de los últimos 50 años en el hemisferio occidental, ha originado una de las diásporas más desafiantes del mundo, dada su intensidad en un corto período de tiempo. Alrededor de 6,8 millones de personas venezolanas han emigrado. Los últimos datos muestran que los países de América Latina y el Caribe han acogido a más del 80 por ciento de la población migrante venezolana. La migración proveniente de Venezuela se suma a otros movimientos migratorios de la región. Este análisis proviene de un informe realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

La evidencia muestra que la migración internacional impulsa la productividad, estimula la innovación y genera sociedades más diversas, entre otros beneficios. Al mismo tiempo, flujos tan repentinos y masivos también generan presiones que tienen efectos en la pobreza, el desarrollo y la dinámica demográfica, para mencionar solo algunos impactos.  La escala y la urgencia de las necesidades de la población migrante han tensado aún más la ya limitada capacidad de la región para proporcionar a la población un acceso adecuado a los servicios básicos, y han exacerbado la xenofobia en los países receptores de América Latina y el Caribe. Aunque los países y otros actores de la región han implementado estrategias para reducir las actitudes excluyentes y discriminatorias y prevenir la violencia, hay poca evidencia sobre el impacto de las acciones que se han desarrollado para reducir la xenofobia y mejorar la integración de migrantes en las sociedades de acogida. Los gobiernos de la región requieren la implementación de este tipo de intervenciones para desencadenar un flujo de los beneficios potenciales de la migración.

Los flujos migratorios en la región se han transformado en los últimos 20 años. Se pasó de flujos mayoritariamente de emigración extrarregional a movimientos intrarregionales.  Los movimientos repentinos y masivos de los últimos años y otras tendencias migratorias recientes han requerido que los gobiernos de la región adapten sus políticas y la institucionalidad a cargo de atender la migración

Las respuestas de los países de América Latina y el Caribe a la migración reciente han sido variadas y continuas.  En este contexto, los avances normativos que se requieren a futuro para la integración de la población migrante y su aplicación podrían verse afectados por la opinión pública de las comunidades de acogida. Las actitudes frente a la población migrante serán decisivas no solo para esta población, sino también para el desarrollo de los países de la región.

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