#504- Se demostró que seis cooperativas de reciclaje lograron evitar 150.000 toneladas de co2 equivalente

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La situación de la gestión integral de residuos sólidos urbanos en América Latina y el Caribe presenta grandes desafíos. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, el manejo de los residuos sólidos consume hasta el 40% de los presupuestos municipales y apenas el 2% de las ciudades de la región cuenta con programas formales de reciclaje, lo que explica que solo se recicle el 10% de los envases y empaques post-consumo.

América Latina genera más de 200 millones de toneladas de residuos anualmente, de lo que solo se recicla el 5%. En la región, 45% de los residuos se disponen de manera inadecuada. Más de dos millones de personas ejercen el oficio del reciclaje, y aportan el 50% del material que procesa la industria. Por cada tonelada de gases de efecto invernadero que emiten con su actividad, evitan la emisión de 200 toneladas de dichos gases.

En este contexto, hacia finales de 2021, Latitud R se propuso demostrar que el reciclaje inclusivo es una estrategia de triple impacto (social, económico y climático) en la cual recicladores de base recuperan residuos reciclables y los convierten en materias primas, como parte de las soluciones basadas en economía circular. Para cumplir esta tarea, la Unidad de Ciencia de Datos de Latitud R lideró el desarrollo de una herramienta de medición de huella de carbono de organanizaciones de recicladores, de la mano de expertos internacionales.

Este proyecto consistió en estimar la huella de carbono (indicador ambiental que pretende reflejar «la totalidad de gases de efecto invernadero emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto) y las emisiones de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso y el ozono) que se evitan como resultado de la actividad de centros de reciclaje de organizaciones de recicladores de América Latina.

La herramienta tomó como base los principios establecidos en la Norma ISO 14064-1 (que contabiliza las emisiones de gases de efecto invernadero de una empresa) y las metodologías de las Directrices del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), una organización de las Naciones Unidas que es el principal referente internacional en la generación de información científica vinculada con el cambio climático.

Esta herramienta demuestra científicamente que el modelo del reciclaje inclusivo es muy efectivo en la lucha contra el cambio climático. Los resultados de 6 pilotos distribuidos en diferentes latitudes de la región (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú) son contundentes: en promedio, por cada tonelada de gases de efecto invernadero que emitió la actividad en los centros de reciclaje inclusivo en 2022, se evitó que otras 194 toneladas fueran emitidas, es decir, si esos residuos reciclables hubieran sido gestionados de otra manera, se hubieran emitido casi 200 veces más gases que los que se generan en procesos de reciclaje inclusivo. En definitiva, las seis cooperativas lograron evitar 150.000 toneladas de co2 equivalente.

Las variables críticas que afectan a la huella de carbono de las organizaciones que participaron de los pilotos son 1) el uso de energía eléctrica, 2) el uso de combustible, 3) los niveles de productividad. Es decir, el menor uso de energía eléctrica y combustibles, así como una mayor productividad, implican mayor eficiencia en las emisiones de gases de efecto invernadero.

Soledad Mella, secretaria de Comunicación de la Red Latinoamericana de Recicladores (Red Lacre), organización miembro de Latitud R, destacó: “Para nosotros los recicladores de base, poder medir el impacto que hemos generado durante tanto tiempo, hasta cuarta generación de recicladores, es muy importante, y más con este instrumento que evidencia y visibiliza un trabajo que hemos realizado por mucho tiempo, de forma gratuita en casi todo el mundo”.

“Esto deja claro que hemos logrado, de una forma u otra, inconscientemente, y hoy más conscientes que nunca, un impacto medioambiental que hasta el día de hoy no había sido medido. Por primera vez tenemos la posibilidad de cuantificar y medir realmente nuestro impacto, no solo en lo económico, sino también en lo social, en lo ambiental y sobre todo, en los derechos humanos que han sido vulnerados por mucho tiempo”, concluyó.

Por su parte, Romina Malagamba, responsable de la Unidad de Ciencia de Datos de Latitud R y a cargo del proyecto, indicó que “estos resultados generan una oportunidad histórica de avanzar hacia un modelo de reciclaje inclusivo que hace frente al cambio climático y cuya sostenibilidad se vincula con la capacidad de responder a los criterios de justicia climática, donde el cuidado del planeta Tierra y los derechos humanos están directamente relacionados”.

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