El número de personas migrantes que ha cruzado el Tapón del Darién ─un tramo de 100 kilómetros de naturaleza salvaje a caballo entre las fronteras de Colombia y Panamá─ está a punto de superar los 500.000 en lo que va de 2023. Se trata de una cifra sin precedentes, que supera con creces el total de migrantes que cruzaron en todo 2022: 248.000, que ya era un récord antes de los 133.000 de 2021 y los 6.500 de 2020.

“La cifra de personas migrantes que han cruzado la selva equivale a más del 11 % de la población de Panamá. Esta es una crisis sin precedentes a la que no se ha volcado la suficiente atención global ni regional; no se han garantizado rutas seguras a los migrantes, ni suficientes recursos para las organizaciones que los atienden”, señala Luis Eguiluz, coordinador general de Médicos Sin Fronteras (MSF) para Colombia y Panamá.

Además de los riesgos asociados a la topografía de la selva, como caerse por precipicios o ahogarse en los ríos, las personas que cruzan el paso del Darién en su viaje hacia el norte, en dirección a Estados Unidos, están expuestas a todo tipo de vejaciones por parte de criminales: ataques, robos, secuestros y violencia sexual.

Este año, los equipos de MSF en Panamá han atendido a 397 supervivientes de violencia sexual ─107 solo en octubre─ incluidos niños. Y es probable que estos números subestimen el problema, ya que la violencia sexual a menudo no se denuncia debido al estigma y el miedo.

Muchas personas migrantes definen el Tapón del Darién como el infierno, pero para muchas de ellas el proceso migratorio ─lleno de riesgos físicos y sin apenas ninguna respuesta efectiva por parte de las autoridades─ empieza mucho antes y ya están exhaustas cuando llegan a las puertas de la selva.