Los desafíos de las mujeres trabajadoras agrícolas son muchos y complejos. La activista y directora del Centro de Estudios en Cooperación Internacional y Gestión Pública, Susana Cruickshank considera que el primer desafío es que ellas se reconozcan como personas poderosas, que reconozcan que son capaces de salir por ellas mismas de las condiciones de vida y laborales que enfrentan a diario. Un segundo desafío es construir organización entre ellas para enfrentar las violaciones a sus derechos de manera colectiva.

“Estos dos anteriores sin duda son retos estructurales, culturales que son difíciles y que requieren mucho trabajo constante con ellas, de ellas. Luego vienen los estructurales económicos y de una cultura laboral que las discrimina por ser mujeres indígenas migrantes, sin educación. Estos últimos se pueden superar una vez que ellas superen los primeros. A la par, el hacer cumplir un estado de derecho en materia de derechos laborales también es un desafío como sociedad”, explica Cruickshank, que fue reconocida como una de las cien mujeres más poderosas en México por la revista Forbes en 2023.

Desde CECIG, se acompaña a la población jornalera y en particular a las mujeres. Hacen análisis de políticas y acciones de gobierno e intentan contribuir con propuestas concretas, informadas y viables. “Construir alianzas fue un elemento muy importante en el camino de buscar logros. Las diferentes problemáticas que enfrentan las mujeres jornaleras, son también atendidas por otras organizaciones”, expresa la referente.

Según Cruickshank, es fundamental hacer valer la legislación laboral nacional e internacional. “Es muy importante también promover programas que las impulsen y que ayuden a que su trabajo sea reconocido. Se necesitan programas económicos, laborales y sociales que reconozcan su forma diferente de concebir el mundo (la perspectiva intercultural). Programas que las asuman como personas con derechos”, agrega.