¿Por qué una libra de papa puede costar hoy $700 y mañana $2.000? ¿Y por qué, viviendo rodeados de campo, a veces lo local parece más caro que lo importado? La respuesta no está solo en el clima o en la cosecha, sino en la ruta que sigue cada alimento y en las decisiones que toman a diario millones de consumidores en Bogotá y Cundinamarca.
En Corabastos, la principal central mayorista del país, ingresan entre 5.000 y 7.000 toneladas diarias de alimentos. De ese total, el 42% proviene de Cundinamarca y el 28% de Boyacá, según el Informe de Seguridad Alimentaria de la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca (RMBC). Es decir, buena parte de lo que se consume en la capital se produce a pocas horas de distancia.
Sin embargo, el precio final que paga el consumidor rara vez refleja esa cercanía. De acuerdo con el Observatorio de la RMBC, en promedio cada alimento pasa por cuatro intermediarios antes de llegar a la mesa, lo que puede encarecer hasta en 80% el valor final. A los márgenes comerciales se suman costos logísticos como transporte, peajes, almacenamiento, clasificación y pérdidas por manipulación.
Para enfrentar estas ineficiencias, el proyecto Aliméntate de Región impulsa la construcción del Sistema de Abastecimiento Regional Agroalimentario (SARA) y su Plan de Abastecimiento a Escala Regional. La iniciativa es liderada por la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, la RAP-E Región Central, la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
El objetivo es mejorar la conexión entre la oferta regional y la demanda urbana, reducir la incertidumbre en precios y temporadas, disminuir pérdidas y fortalecer circuitos cortos de comercialización.
Según cifras del Sistema de Información de Precios y Abastecimiento del Sector Agropecuario (SIPSA) del DANE, los departamentos que integran la región central —Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Meta, Tolima y Huila— aportan el 44% de los alimentos que llegan a las centrales mayoristas del país, con predominio de hortalizas, tubérculos y frutas. Además, Bogotá y los municipios colindantes concentran el 69% del consumo regional, lo que convierte a la ciudad en el principal motor de la cadena alimentaria.
Especialistas del proyecto señalan que cuando la demanda se inclina por alimentos frescos, de temporada y de origen cercano, se fortalecen cadenas más cortas y se reducen costos. Por el contrario, una mayor preferencia por productos ultraprocesados o fuera de temporada incrementa la dependencia de intermediarios y la volatilidad de precios.
En Bogotá, los mercados campesinos han ganado presencia como alternativa directa entre productor y consumidor. Según la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, entre octubre de 2020 y diciembre de 2023 se realizaron 1.537 jornadas en 111 puntos de la ciudad, con un promedio de 20 productores por mercado.
El SARA prevé presentar en el segundo semestre de 2026 el Plan de Abastecimiento Alimentario a Escala Regional, una hoja de ruta orientada a reducir intermediación innecesaria, fortalecer compras públicas regionales, mejorar los sistemas de información y consolidar canales más estables y sostenibles para el abastecimiento de Bogotá-Cundinamarca.
Mientras tanto, expertos recomiendan cuatro acciones concretas para consumidores: priorizar alimentos de temporada, elegir canales directos como plazas y mercados campesinos, preguntar por el origen del producto y planificar compras para reducir desperdicios.
