Por Gaston Kremer
A metros del Café Brasilero, donde el escritor Eduardo Galeano pensaba y escribía sobre América Latina, se llevó a cabo el Foro de Innovación Orientada por Misión en el Cono Sur, realizado recientemente en Montevideo. Durante los debates, quedó claro que los desafíos globales del desarrollo sostenible exigen soluciones integradas e innovadoras. Los especialistas presentes destacaron la necesidad de políticas públicas orientadas por grandes misiones, enfocadas en la colaboración regional para enfrentar crisis sistémicas, como el calentamiento global, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad social. Esta línea de acción, que resuena con los principios de la Agenda 2030 y las Políticas de Innovación Orientadas por Misiones, también encuentra en la Amazonía un terreno fértil para su implementación práctica.
La Amazonía, el mayor bioma tropical del planeta, desempeña un papel crucial para el equilibrio climático global y para la preservación de un vasto patrimonio biológico. Sin embargo, la creciente deforestación, los cambios climáticos y la explotación desenfrenada de sus recursos ponen en riesgo tanto la supervivencia de sus especies como de las poblaciones humanas que la habitan. Ante este escenario crítico, se vuelve urgente la creación de una Misión Panamazónica de Conservación y Restauración de la Biodiversidad, en el espíritu de las Políticas de Innovación Orientadas a Grandes Desafíos. Mariana Mazzucato, la gran exponente de la tercera generación de este tipo de políticas, acaba de lanzar el reporte A just transition for the Amazon: A mission-oriented framework, junto al investigador brasileño João Pedro Braga. Ese puede ser un insumo crítico para la construcción de dichas políticas, aunque necesite del pleno liderazgo de la Amazonía.
La urgencia de esta misión se conecta directamente con las metas establecidas por el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal (GBF), adoptado en la COP15. Entre los 23 objetivos globales delineados para 2030, destacan los objetivos 2 y 3, que buscan proteger y restaurar al menos el 30% de las áreas terrestres, marinas y de agua dulce del mundo. La Panamazonía, siendo una de las áreas más biodiversas y críticas del planeta, tiene un papel central para que se cumplan estos objetivos, especialmente la Meta 3, conocida como “30×30”. La creación de una misión que integre la conservación y restauración de la Amazonía con estrategias innovadoras será crucial para alcanzar estos objetivos globales.
La conservación de la Amazonía exige un enfoque colaborativo entre los nueve países que componen la región amazónica. Iniciativas como el Fondo Bosques Tropicales para Siempre, defendido por Brasil en la COP28, ya señalan el camino para recompensar financieramente a los países que mantienen en pie sus bosques. Sin embargo, para enfrentar la destrucción acelerada y cumplir con las metas de la COP15, se necesita algo más que financiamiento: necesitamos una misión coordinada, enfocada en la innovación social y tecnológica, que empodere a las comunidades indígenas y tradicionales como protagonistas de la preservación ambiental.
La Meta 19 del Marco Global de Biodiversidad, que prevé la ampliación de los recursos financieros para la biodiversidad, subraya la importancia de un financiamiento adecuado y equitativo para apoyar la implementación de los objetivos. Para ello, es fundamental la participación activa de la sociedad civil y de las poblaciones tradicionales, como la Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), el reciente G9 Indígena, instancias que representa las voces de las comunidades indígenas en nueve países. Estas poblaciones han sido un actor esencial en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas y más allá, en la preservación de la biodiversidad, ya que estos grupos desempeñan un papel central en la conservación de la Amazonía. No solo su inclusión, pero un fuerte protagonismo en la gobernanza de la misión garantizará que el conocimiento tradicional y las prácticas ancestrales se integren en las políticas de conservación.
Además, la articulación con el proyecto Amazonía para Siempre, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), podría fortalecer los mecanismos de financiamiento y ejecución de esta misión. Este proyecto busca promover la restauración de áreas degradadas y el desarrollo de cadenas productivas sostenibles, en consonancia con las metas de Kunming-Montreal, especialmente en lo que respecta al manejo sostenible y la reducción de la pérdida de biodiversidad.
El rol de la OTCA y la bioeconomía sostenible
La OTCA, como organismo que ya reúne a los países amazónicos, tiende a ser la institución más adecuada para liderar esta misión. Posee la legitimidad y el alcance necesarios para coordinar políticas e iniciativas a escala regional, potenciando los esfuerzos de cada país. Una misión orientada a objetivos claros y medibles debe basarse en tres pilares: conservación, restauración y bioeconomía.
La Meta 14 del Marco Global de Biodiversidad enfatiza la necesidad de alinear los flujos financieros y fiscales con los objetivos de biodiversidad. El modelo de bioeconomía, que combina ciencia de vanguardia con conocimiento tradicional, ofrece una solución concreta para el desarrollo sostenible de la Amazonía. Al estimular cadenas productivas de la sociobiodiversidad, como la explotación de productos forestales no maderables (castaña, açaí, caucho), la bioeconomía puede no solo generar ingresos para las comunidades locales, sino también reducir la presión por la deforestación y la explotación depredadora. El G20, bajo la presidencia de Brasil, ya ha reconocido la bioeconomía como un modelo productivo prometedor, capaz de contribuir al cumplimiento de los objetivos globales de sostenibilidad.
Financiamiento y gobernanza: el desafío de escalar
Para que la misión tenga éxito, es esencial contar con financiamiento adecuado y una gobernanza inclusiva. La Meta 19 del GBF prevé que el financiamiento para la biodiversidad debe multiplicarse para 2030, y la creación de fondos multimillonarios, como el Fondo Bosques Tropicales para Siempre, puede ser parte de una respuesta prometedora. Sin embargo, para garantizar el éxito, es necesario que los mecanismos de gobernanza sean transparentes e inclusivos, con la participación activa de las comunidades locales en la gestión de los recursos.
Además, se debe interrumpir el flujo financiero que aún sostiene actividades destructivas en la Amazonía. Estudios recientes muestran que grandes volúmenes de recursos continúan siendo destinados a actividades que promueven la deforestación. Por lo tanto, es fundamental que los gobiernos amazónicos ahora reunidos en Cali, alineen sus políticas financieras con los objetivos de la COP15, redirigiendo los recursos hacia prácticas sostenibles que conserven la biodiversidad.
En cuanto a la gobernanza, es importante centrarse en el ámbito de la coproducción de innovación. La coproducción tiene como principio básico la producción de conocimiento, tecnología e innovación a partir de una red de actores. Diseñar una gobernanza que valore la pluralidad de esta red, al tiempo que mejore sus especificidades, es el primer paso para comenzar el diseño de la misión.
La creación de una Misión Panamazónica para la conservación y restauración de la biodiversidad es una oportunidad histórica. Es un llamado a la acción coordinada entre gobiernos, sector privado, ciencia y comunidades locales. La Amazonía, más que un bioma, es un activo global. Su preservación no es solo responsabilidad de los países amazónicos, sino de toda la comunidad internacional.
Por eso, es urgente que los líderes, aprovechando las oportunidades de la COP16 en Cali y la COP30 en Belém, asuman esta misión con el protagonismo necesario, fortaleciendo la OTCA y movilizando a todos los sectores de la sociedad para un nuevo pacto por la biodiversidad amazónica. La biodiversidad de la Amazonía necesita una articulación a la altura de su complejidad y potencia.
A Missão Pan-Amazônica: Um Chamado à Inovação para Preservar a Biodiversidade
Perto do Café Brasilero, onde o escritor Eduardo Galeano refletia e escrevia sobre a América Latina, aconteceu o Fórum de Inovação Orientada por Missão no Cone Sul, recentemente realizado em Montevidéu. Durante os debates, ficou claro que os desafios globais do desenvolvimento sustentável exigem soluções integradas e inovadoras. Especialistas presentes destacaram a necessidade de políticas públicas orientadas por grandes missões, focadas na colaboração regional para enfrentar crises sistêmicas, como o aquecimento global, a perda de biodiversidade e a desigualdade social. Essa linha de ação, que ressoa com os princípios da Agenda 2030 e as Políticas de Inovação Orientadas por Missões, encontra na Amazônia um terreno fértil para sua implementação prática.
A Amazônia, o maior bioma tropical do planeta, desempenha um papel crucial para o equilíbrio climático global e a preservação de um vasto patrimônio biológico. No entanto, o desmatamento crescente, as mudanças climáticas e a exploração desenfreada de seus recursos ameaçam tanto a sobrevivência de suas espécies quanto das populações humanas que nela habitam. Diante desse cenário crítico, torna-se urgente a criação de uma Missão Pan-Amazônica de Conservação e Restauração da Biodiversidade, no espírito das Políticas de Inovação Orientadas a Grandes Desafios. Recentemente, Mariana Mazzucato, a grande expoente da terceira geração desse tipo de políticas, lançou o relatório A Just Transition for the Amazon: A Mission-Oriented Framework, juntamente com o pesquisador brasileiro João Pedro Braga. Esse pode ser um subsídio crítico para a construção dessas políticas, embora exija o pleno protagonismo de instâncias da Amazônia, para a Amazônia.
A urgência dessa missão está diretamente ligada às metas estabelecidas pelo Marco Global de Biodiversidade de Kunming-Montreal (GBF), adotado na COP15. Entre os 23 objetivos globais delineados para 2030, destacam-se os objetivos 2 e 3, que buscam proteger e restaurar pelo menos 30% das áreas terrestres, marinhas e de água doce do mundo. A Pan-Amazônia, sendo uma das áreas mais biodiversas e críticas do planeta, tem um papel central no cumprimento dessas metas, especialmente a Meta 3, conhecida como “30×30”. A criação de uma missão que integre a conservação e a restauração da Amazônia com estratégias inovadoras será crucial para alcançar esses objetivos globais.
A conservação da Amazônia exige um enfoque colaborativo entre os nove países que compõem a região amazônica. Iniciativas como o Fundo Florestas Tropicais para Sempre, defendido pelo Brasil na COP28, já indicam o caminho para recompensar financeiramente os países que preservam suas florestas. No entanto, para enfrentar a destruição acelerada e cumprir com as metas da COP15, é necessário mais do que financiamento: precisamos de uma missão coordenada, focada na inovação social e tecnológica, que empodere as comunidades indígenas e tradicionais como protagonistas da preservação ambiental.
A Meta 19 do Marco Global de Biodiversidade, que prevê a ampliação dos recursos financeiros para a biodiversidade, destaca a importância de um financiamento adequado e equitativo para apoiar a implementação dos objetivos. Para isso, é fundamental a participação ativa da sociedade civil e das populações tradicionais, como a Coordenação das Organizações Indígenas da Bacia Amazônica (COICA) e o recente G9 Indígena, instâncias que representam as vozes das comunidades indígenas em nove países. Essas populações têm sido atores essenciais na defesa dos direitos dos povos indígenas e, além disso, na preservação da biodiversidade, desempenhando um papel central na conservação da Amazônia. Não apenas sua inclusão, mas um forte protagonismo na governança da missão garantirá que o conhecimento tradicional e as práticas ancestrais sejam integrados nas políticas de conservação. Essa necessidade deve ser atendida desde o princípio, como se vê na demanda de organizações indígenas brasileiras reivindicando a copresidência da COP30 no Brasil.
Além disso, a articulação com o projeto Amazônia para Sempre, do Banco Interamericano de Desenvolvimento (BID), poderia fortalecer os mecanismos de financiamento e execução dessa missão. Esse projeto busca promover a restauração de áreas degradadas e o desenvolvimento de cadeias produtivas sustentáveis, em consonância com as metas de Kunming-Montreal, especialmente no que diz respeito ao manejo sustentável e à redução da perda de biodiversidade.
O papel da OTCA e a bioeconomia sustentável
A OTCA, como organismo que já reúne os países amazônicos, tende a ser a instituição mais adequada para liderar essa missão. Possui a legitimidade e o alcance necessários para coordenar políticas e iniciativas em escala regional, potencializando os esforços de cada país. Uma missão orientada a objetivos claros e mensuráveis deve se basear em três pilares: conservação, restauração e bioeconomia.
A Meta 14 do Marco Global de Biodiversidade enfatiza a necessidade de alinhar os fluxos financeiros e fiscais com os objetivos de biodiversidade. O modelo de bioeconomia, que combina ciência de ponta com conhecimento tradicional, oferece uma solução concreta para o desenvolvimento sustentável da Amazônia. Ao estimular cadeias produtivas da sociobiodiversidade, como a exploração de produtos florestais não madeireiros (castanha, açaí, borracha), a bioeconomia pode não apenas gerar renda para as comunidades locais, mas também reduzir a pressão pelo desmatamento e pela exploração predatória. O G20, sob a presidência do Brasil, já reconheceu a bioeconomia como um modelo produtivo promissor, capaz de contribuir para o cumprimento dos objetivos globais de sustentabilidade.
Financiamento e governança: o desafio de escalar
Para que a missão seja bem-sucedida, é essencial contar com financiamento adequado e uma governança inclusiva. A Meta 19 do GBF prevê que o financiamento para a biodiversidade deve ser multiplicado até 2030, e a criação de fundos bilionários, como o Fundo Florestas Tropicais para Sempre, pode ser uma resposta promissora. No entanto, para garantir o sucesso, é necessário que os mecanismos de governança sejam transparentes e inclusivos, com a participação ativa das comunidades locais na gestão dos recursos.
Além disso, deve-se interromper o fluxo financeiro que ainda sustenta atividades destrutivas na Amazônia. Estudos recentes mostram que grandes volumes de recursos continuam sendo destinados a atividades que promovem o desmatamento. Portanto, é fundamental que os governos amazônicos, agora reunidos em Cali, alinhem suas políticas financeiras com os objetivos da COP15, redirecionando os recursos para práticas sustentáveis que conservem a biodiversidade.
A criação de uma Missão Pan-Amazônica para a conservação e restauração da biodiversidade é uma oportunidade histórica. É um chamado à ação coordenada entre governos, setor privado, ciência e comunidades locais. A Amazônia, mais que um bioma, é um ativo global. Sua preservação não é apenas responsabilidade dos países amazônicos, mas de toda a comunidade internacional.
Por isso, é urgente que os líderes, aproveitando as oportunidades da COP16 em Cali e da COP30 em Belém, assumam essa missão com o protagonismo necessário, fortalecendo a OTCA e mobilizando todos os setores da sociedade para um novo pacto pela biodiversidade amazônica. A biodiversidade da Amazônia precisa de uma articulação à altura de sua complexidade e potência.
