En el marco de los compromisos ambientales asumidos bajo el estándar de la Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible (RSPO), empresas, organizaciones sociales, comunidades y el Estado impulsan un modelo de compensación que busca proteger ecosistemas críticos en Guatemala. La iniciativa, con una proyección de 25 años (2022–2046), integra ciencia, restauración y gobernanza local en la Reserva de la Biósfera Maya y otras áreas protegidas del sur de Petén.
Los proyectos, ejecutados por Wildlife Conservation Society (WCS) y Asociación Balam con financiamiento del Grupo HAME y acompañamiento técnico de Solidaridad, incluyen monitoreo de especies emblemáticas como el jaguar y la guacamaya roja, restauración ecológica participativa en zonas degradadas y desarrollo de alternativas económicas sostenibles junto a comunidades locales. Se destaca además el fortalecimiento de patrullajes interinstitucionales que en 2024 ayudaron a controlar 12 incendios y proteger más de 14,600 hectáreas de bosque.
La participación comunitaria es clave: ASOSELVA MAYA asumió la gestión de una unidad de conservación, mientras que más de 30 mujeres lideran microemprendimientos productivos en zonas rurales. Además, se plantan anualmente alrededor de 200 mil ejemplares de especies nativas como parte de los sistemas agroforestales. Todo esto se articula en una estrategia integral basada en transparencia, diálogo y resultados medibles.
A dos años de su implementación, el modelo demuestra que es posible combinar producción sostenible con conservación efectiva cuando se articulan inversión privada, conocimiento técnico y liderazgo comunitario. El enfoque multiactor se consolida como una herramienta replicable para enfrentar desafíos ambientales y sociales en territorios de alto valor ecológico.
