Todas las empresas dependen de la biodiversidad y todas influyen sobre ella. El crecimiento de la economía mundial, que pasó de 1,18 billones a 130,1 billones de dólares entre 1820 y 2022, se produjo a costa de una fuerte degradación del capital natural, lo que hoy configura un riesgo sistémico crítico para la estabilidad financiera y el bienestar humano. Esa es la principal conclusión del informe de la IPBES.
La evaluación —elaborada durante tres años por 79 expertos de 35 países— sostiene que incluso las compañías que no se perciben como “basadas en la naturaleza” dependen directa o indirectamente de servicios ecosistémicos como el suministro de agua, la regulación de inundaciones o valores culturales y turísticos. Sin embargo, muchas empresas no asumen costos financieros por sus impactos negativos ni logran monetizar los efectos positivos sobre la biodiversidad. Además, menos del 1% de las compañías que publican reportes mencionan sus efectos sobre la naturaleza.
El informe advierte que los incentivos actuales perpetúan la pérdida de biodiversidad. En 2023, los flujos financieros públicos y privados con impactos negativos directos sobre la naturaleza alcanzaron los 7,3 billones de dólares —4,9 billones provenientes del sector privado y 2,4 billones en subsidios públicos perjudiciales—. En contraste, solo 220.000 millones de dólares se destinaron a conservación y restauración, equivalente al 3% de los fondos que fomentan prácticas dañinas.
“La pérdida de biodiversidad es una de las amenazas más graves para las empresas”, afirmó Stephen Polasky, copresidente de la evaluación, quien subrayó que el modelo tradicional puede parecer rentable a corto plazo, pero genera efectos acumulativos que podrían cruzar puntos de inflexión ecológicos. El informe plantea que, con políticas adecuadas y cambios financieros y culturales, es posible alinear la rentabilidad empresarial con la conservación de la naturaleza.
Entre sus principales recomendaciones, la IPBES propone más de 100 medidas para gobiernos, sector privado, actores financieros y sociedad civil, organizadas en cinco ejes: marcos políticos y regulatorios, sistemas económicos y financieros, valores y cultura, tecnología y datos, y fortalecimiento de capacidades. También destaca la necesidad de integrar conocimiento científico con saberes indígenas y locales, en un contexto donde el 60% de las tierras indígenas está amenazado por el desarrollo industrial. El organismo concluye que solo mediante acciones coordinadas será posible frenar y revertir la pérdida de biodiversidad y avanzar hacia una economía compatible con un futuro justo y sostenible.
