Política científica participativa y tecnologías para la crisis climática

A estas alturas, los avances de la vigésima octava Conferencia de las Partes de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28) ya fueron bastante celebrados. Y no es para menos: a pesar de que los países del sur global y los activistas tuvieron grandes dificultades para asistir a la conferencia y, como contrapartida, los grupos de presión de la industria de los combustibles fósiles tuvieron amplia participación, los países firmantes del Acuerdo de París llegaron a un acuerdo para iniciar la transición hacia el abandono de los hidrocarburos, el cual quedó plasmado en el Consenso de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Este acuerdo es clave para combatir el pesimismo que se ha apoderado incluso de los científicos sobre las posibilidades de evitar que la temperatura media global se eleve más de 1,5 grados centígrados.

Ahora ha llegado el momento de implementar este laborioso consenso. Además de direccionar financiamiento y crear condiciones para quienes más sufren las consecuencias del cambio climático logren hacerles frente, otro elemento esencial para convertir los objetivos en acciones es la tecnología. Si bien la tecnología por sí sola no nos salvará, es crucial para adaptar y mitigar los efectos del cambio climático. Nunca ha habido una transición sostenible sin tecnología e innovación, pero al mismo tiempo se necesitan políticas que respondan a una nueva forma de encarar la crisis climática y, sobre todo, a los contextos de las distintas realidades mundiales.

No obstante, existe un tecno optimismo, que se vio, por ejemplo, en los discursos de Bill Gates y los representantes de Google, IBM y Microsoft, que al tiempo que subrayaba la necesidad de una colaboración multisectorial, se topa con retos concretos. La consultora Mckinsey, por ejemplo, señala en un informe que si bien ya se dispone de las tecnologías necesarias para reducir el 90% de las emisiones de gases de efecto invernadero, por un lado, solo el 10% de ellas podrían ser comercialmente competitivas y, por otro, existe una gran interdependencia entre ellas. Algunas de estas tecnologías son la nuclear, la hidroeléctrica, la geotérmica, el reciclado del aluminio y una parte de las instalaciones solares y eólicas.

A su vez, se espera que las inversiones en tecnologías climáticas, que ya mostraban datos sólidos  antes de la COP28 – la consultora PwC ha valorado en más de 490 000 millones de dólares invertidos en la última década los acuerdos entre más de 8 000 startups climáticas – crezcan significativamente como consecuencia de la Conferencia. De hecho, ya existen grupos de presión a favor de tecnologías específicas con una importante representación política e inversora que influye en los flujos financieros y en los debates. Un ejemplo de esto es el caso de la captura de carbono: al menos 475 grupos estuvieron en la COP28 para presionar en favor de las tecnologías en este ámbito. El problema es que el propio Panel on Climate Change ya ha señalado que la única forma de reducir realmente el calentamiento global es eliminar progresivamente el petróleo, el gas y el carbono. La captura de carbono puede ayudar de forma limitada y concentrar los esfuerzos y las inversiones en este ámbito puede distraer la atención de las soluciones reales.

Todo esto indica que se deben considerar los límites del solucionismo tecnológico[i], especialmente cuando las tecnologías se diseñan desde determinados contextos y con intereses comerciales que omiten soluciones que ya han sido probadas científicamente y están funcionando. Por otro lado, este tipo de soluciones, más orientadas al mercado que a dar respuesta a problemas concretos, suelen excluir a las comunidades más afectadas por el cambio climático, agravando aún más las injusticias y las desigualdades.

Conocer e integrar los conocimientos de estos contextos es un paso fundamental para definir el camino del desarrollo sostenible en términos tecnológicos y evitar que estas desigualdades se agraven. En el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), existe el Mecanismo Tecnológico, un instrumento de gobernanza diseñado para facilitar el desarrollo y la transferencia tecnológica a países en vías de desarrollo. El brazo operativo de este instrumento, el Centro y Red de Tecnología del Clima (CTCN), promueve la transferencia de tecnologías, a petición de dichos países, para fomentar un desarrollo bajo en carbono y resiliente al clima. Esta transferencia se lleva a cabo a través de soluciones tecnológicas, generación de capacidades y asesoramiento sobre políticas y marcos jurídicos y normativos adaptados a las necesidades de cada país, sobre la base de una Evaluación de las Necesidades Tecnológicas (ENT). La participación social es esencial para realizar dicha evaluación, pero también para hacer posible el diseño de soluciones con base científica, con el fin de equilibrar la dinámica de transferencia tecnológica de los países del Norte, lo que muchas veces ocurre sin comprensión o consideración de las voces del Sur Global, y con el fin de una transición energética justa. Es decir: una transición con herramientas accesibles y adecuadas a los contextos a los que están destinadas y no una transición excluyente que favorezca sólo a determinados grupos o regiones.

El panel “Desafíos socioeconómicos y oportunidades para el clima y la biodiversidad en Brasil – Innovación, escala, inclusión y conservación” relacionó la tecnología y el desarrollo con elementos de la sociobiodiversidad brasileña. Foto: Danila Bustamante.

Uno de los principales factores a la hora de analizar las ENT elaboradas por 79 países en desarrollo entre 2013 y 2021 es la necesidad de generar estructuras para un uso más amplio de las tecnologías climáticas. Y en este sentido, un aspecto clave para tener en cuenta es su costo y el acceso a la financiación de los países. Basándose en lo que los países han informado sobre los retos que identifican para el desarrollo, uso y transferencia de tecnologías específicas, es posible concluir que el acceso al capital y a la inversión sigue siendo el principal desafío para el acceso a tecnologías verdes. Para dar respuesta a esta problemática, existen diversos caminos. Uno de ellos es brindar incentivos para que el sector privado amplíe el desarrollo y la transferencia tecnológica orientada a países en vías de desarrollo. Esto, a su vez, remite al rol de los gobiernos nacionales en la creación de las condiciones adecuadas para que esto ocurra. La introducción de incentivos, como subvenciones a la inversión y desgravaciones fiscales, podría suponer un aumento de la rentabilidad para el sector privado a la hora de invertir en la implantación de tecnología, fomentando así nuevas inversiones. Estos elementos apuntan en la dirección de la necesidad de un Estado emprendedor ampliamente conectado con sus realidades internas.

Sin embargo, siguen existiendo barreras muy elementales cuando se trata de la política climática mundial y la posibilidad de desarrollar innovaciones creadas para contextos específicos. Una de ellas, por ejemplo, es la barrera lingüística: la traducción del último informe del IPCC al portugués únicamente fue posible gracias a la iniciativa del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI) en colaboración con el Pacto Global de la ONU en Brasil, que pretendía facilitar el acceso y ampliar la difusión de la información científica más reciente sobre el cambio climático a toda la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP).

Una combinación de políticas de desarrollo de tecnologías, innovaciones y transición bottom up y top down (es decir, estrategias que son, respectivamente, desarrolladas de abajo hacia arriba, bottom up, o de arriba hacia abajo, top down, – en el sentido de los agentes que elaboran y aplican las políticas) es importante porque también existen algunas paradojas en agendas que hablan de inclusión social o sostenibilidad, como la de las energías renovables. En Brasil, por ejemplo, la Articulação do Semiárido Brasileiro (ASA), un importante movimiento de la sociedad civil organizada, denuncia el modelo de generación eólica que se ha implantado en la región: “Los parques eólicos y solares llegaron al Semiárido con una promesa de energía limpia, con retornos ambientales y financieros para las comunidades, lo que no es cierto”, destaca un documento lanzado por la ASA.

Pero también existen soluciones con base científica y contextualizadas en los territorios que responden a los desafíos de la aplicación de una transición energética justa. Es el caso de Ecolume, el primer sistema agrivoltáico (que combina producción de alimentos y generación de energía) de Brasil, desarrollado por una red nacional de más de cuarenta investigadores e instalado en la región semiárida. Desde una perspectiva de escala, también son clave las iniciativas que combinan conocimientos y experiencias de múltiples países, pero que comprenden la complejidad de la difusión de la tecnología. Es el caso de la Comisión de Innovación, que, a través de trabajo de investigaciones, identifica tecnologías adecuadas y propone llevarlas a escalas más eficaces en los territorios para los que son apropiadas.

La carrera tecnológica para adaptarse al cambio climático y mitigarlo se intensificará tras el consenso de Dubai. En este sentido, es esencial que las políticas científicas orientadas a los grandes desafíos se coordinen con los agentes no tradicionales de la investigación y el desarrollo, como comunidades y pueblos tradicionales, movimientos sociales, sindicatos, y también en consonancia con la política climática mundial. La complejidad de este nexo es considerable, pero no hay soluciones –ni tecnologías– sencillas para problemas complejos.

Nota:

[i] Se refiere al concepto de Morozov, elaborado en el libro “La Locura del solucionismo tecnológico” del 2016: https://www.eldiplo.org/biblioteca/la-locura-del-solucionismo-tecnologico/

Por:

Gaston Kremer: Gerente de Programas de World-Transforming Technologies (WTT). Tiene experiencia en relaciones estratégicas, comunidades, negocios de impacto y en la mediación de diferentes realidades. Es Graduado en Relaciones Internacionales y Especialista en Gestión de la Innovación de la Universidad Federal de Río Grande del Sur (UFRGS).

 


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2024-03-06T18:28:06+00:00marzo 4th, 2024|En Contexto|
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